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martes, 3 de febrero de 2004

Comunicando

-Soy yo. Ya he perdido la cuenta del número de mensajes que te he dejado. También la de los meses que han pasado sin saber nada de ti. Tengo la sensación de haberte perdido otra vez… y eso me da miedo. Me da igual ya el trabajo. Eres mi hermano, y te necesito.

A doscientos metros de mí, ajeno a todo, sin poder imaginarse que alguien lo escucha, Johnny Spiegel trata, infructuosamente, de localizar a su hermano.

-Por favor, cuando escuches este mensaje, de cualquier modo, me da igual cómo, hazme saber que sigues bien.

Cuánto más me acercaba a él, cuánto más conocía de Spiegel, mejor lo comprendía. Comenzaba a sentirme identificado con él. Aquel hombre no merecía lo que le amenazaba. Ahora lo veía claro, debía ayudarle, y sólo había una manera: encontrar a su hermano Paul.

martes, 8 de julio de 2003

Más información

-...y parece claro que el cerebro de la estafa fue su hermano, Paul Spiegel.
Por otra parte, me extraña que el dossier preliminar que me entregó no incluyera información sobre la Fundación que financiaba las excavaciones. He estado investigando estos meses... los fondos provienen de sus socios, un conglomerado de empresas, formado por Global Welfare Consortium, Widmore Corporation, Paik Heavy Industries...
-Creo que debería tomarse unas vacaciones. Tenía pensado pasar el verano en mi residencia europea, pero el juez Sauer se empeña en no dejarme salir del país. Sería una lástima que nadie la aprovechase...

lunes, 3 de febrero de 2003

Pacific Palisades

La visita a aquellos apartamentos la tarde anterior no había resultado muy productiva que digamos. Evidentemente, Paul Spiegel debió enterarse de que LeBrook se había percatado del engaño y decidió dejar la ciudad de inmediato. Si hubiera vuelto a Los Ángeles un par de días antes... bueno, al menos conseguí examinar su habitación. En la mesilla encontré un frasco vacío de tranquilizantes y una especie de aguja para inyectar, parecida a la que usan los diabéticos. Nunca pensé que la identificación falsa del F.B.I. que conseguí en Tailandia me pudiera ser tan útil.

Debía informarle en persona. Me pidieron que esperase en el salón. El cuadro del jardín de las Hespérides había sido descolgado de la pared y descansaba apoyado en la pared junto a varias litografías. Escuché que alguien bajaba las escaleras. Cuál fue mi sorpresa cuando, en lugar de a Michael LeBrook, vi aparecer a una chica muy joven. Tardé un momento en reaccionar, observando sus profundos ojos azules, enmarcados por una melena de reflejos rojizos:

-Discúlpeme, vine a hablar con el señor LeBrook.
-Lo lamento, mi padre no está en casa. Un acto benéfico en Sacramento, ya sabe que es un hombre ocupado. Si puedo ayudarle en algo…
-No, se lo agradezco, pero se trata de un asunto que debo consultar con él en persona. Ya me iba, no le causaré más molestias…
-Tranquilo, no es ninguna molestia, le diré que vino el Sr.…
-Zohar.
-Ah… he oído hablar de usted. Mi nombre es Madeline, encantada.

domingo, 2 de febrero de 2003

Desaparecido


-Ayer mismo.
-¿Así, sin más?
-Simplemente pagó y se fue.
-¿No dijo a dónde? ¿No dejó siquiera una dirección para la correspondencia?
-Nada, no dijo nada. Aquí estamos acostumbrados: la gente llega, está un tiempo y se marcha.
-Ya, claro. ¿Le importa si echo un vistazo a la habitación?
-Por supuesto que no, estoy encantado de poder ayudar al F.B.I. en su investigación.
-Es usted muy amable.
- (...) se alojaba aquí, en el número 4. No he tocado nada, está todo como lo dejó. Si necesita algo estaré en mi oficina.
-Muchas gracias, no se preocupe.




domingo, 12 de enero de 2003

El Jardín de las Hespérides

El jardín de las Hespérides, el misterioso Edén del que Heracles había robado las manzanas de oro… el lienzo, de grandes proporciones, decoraba el salón en el que me habían pedido que esperara. De manera casi instintiva, acerqué mi mano hacia la pintura.
Apenas apoyé las yemas de los dedos escuché gritar a mi espalda:

-¿Qué demonios hace? ¡Aleje sus manazas de mis cuadros ahora mismo!

-Le ruego que me disculpe, señor LeBrook, tan sólo quería apreciar las texturas que…

-Déjese de tonterías y siéntese, tenemos un asunto que tratar. Ya me avisaron de que era usted algo excéntrico, pero nunca pensé que… Deje de mirarme así, por favor, ya sé que no le gusto. Usted tampoco me gusta, Zohar. Pero Gielgud dice que es el mejor en su trabajo… que tiene “un don”.

LeBrook me explicó como aquel hombre lo había estafado:

-¿Por qué iba a dudar de sus palabras? Se trataba de un profesor, dios santo… procuro informarme sobre la gente que pretende venderme cosas, ¿sábe?

-Por supuesto, señor.

-Gielgud ya le entrego el informe, ¿no es cierto?

- Sí, muy completo por cierto. Me preguntaba si podría enseñarme el colgante.

Examiné detenidamente las joyas, fiándome más en mi tacto que en mi vista.

-Vaya, si no fuera porque sé que no existen tales “joyas de Helena” creería que son auténticas. Una falsificación tan detallada, tan profesional, sólo puede proceder de un lugar…

Me despedí cortésmente.

-Y recuerde, Zohar, no me importa recuperar el dinero, sólo quiero venganza. Nadie se había atrevido a burlarse de mí así, en mis propias narices.

-Le mantendré informado, señor LeBrook. Por cierto, casi me olvidaba, el cuadro del salón…también es falso.